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Pequeñas muertes del oficio

  • Foto del escritor: Noelia Villacorta
    Noelia Villacorta
  • 1 mar
  • 2 min de lectura

Actualizado: 20 may

Bocetos, restos, tachaduras y hallazgos. La reflexión que ocurre mientras hago: dejar ir lo ya no soy para pintar de nuevo.



Calcio.


Ojala tuviera el don  de armarme con palabras

Como quien arma un animal muerto sobre la mesa.

 

A veces me quiebro en la incomprensión.

A veces pintora, otras coleccionista de ruinas.

 

La carne se pudre en  la tela

Y yo sigo ahí,

oliendo el desastre como si fuese perfume.

 

La norma dice: bajá un cambio.

La policía dice: conceptualizá.

El miedo dice: ¡borra todo ya!


//inserte aquí un rezo al revés//

//inserte aquí un insulto disfrazado de plegaria//


Abandoné mi armadura.

El patetismo de la pose de estar en pose.

Yo soy de lo más común.


La ansiedad por ser

(artista)

es el peor asesino

del arte.



¿Qué es una poemina?

 

Todo viene incluido.

La ternura como diseño,

la intimidad como guión,

la belleza como un manual

que se aprende sin darse cuenta.

 

Yo entré ahí

con un cuerpo equivocado.

 

Mi deseo

no sabe ser decorado.

Mi deseo es rudo

Como un manojo de espinas.

 

Aprendí temprano

que a veces te abrazan

para inmovilizarte,

que hay flores que no nacen:

se imprimen.

Puro ritmo, repetición,

para que parezca vivo

lo que ya está cansado.

 

No nombro nada

porque nombrar sería ordenar.

Y lo que me pasa

no tiene orden:

tiene restos,

decadencia,

y un hambre sucia

de que esto sea otra cosa.

 

Pero escuchá:

yo también muerdo.



Liebre

(...) "vos tenés que darte cuenta de que la imagen que cuelgues va a afectar todos los días el modo en el que te sentís...


Ah, re que que yo estoy rodeada de cadáveres en el taller."





Drhammma.


Nunca hubo mundo para mí.

Había bordes

y el permiso de no pertenecer.

 

Esa libertad fue

una fruta con vidrios rotos adentro.

 

Me inventé en recovecos,

donde el calor de una caricia llega tarde,

donde puedo mirar

cómo la memoria hace espuma.

 

Cuentos en idiomas prestados,

caracoles en la boca,

sal que no es de este mar.

Será de otro tiempo:

un alma vieja que me visita en sueños.

 

Un día el pincel me eligió.

Me sostuvo la mano.

 

La biruta me apuñaló la piel,

después los huesos,

y una canción blanca.

 

Ya no distingo:

óleo / sangre,

pigmento / pulso.

 

Lo que miro

me mira.

 

Qué insensatez: tocar lo invisible

hasta volverlo forma.

Como si fuera poeta.

Como si fuera pintora.




Inventario


Poema de internet. Casette. Gel para el cabello. Vestido (sin cuerpo)


Los centavos y la distor. Cuento viejo. Aguja lila. Un sombrero.

 
 
 

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